¿Tienen razón Elton John o Madonna al arremeter contra Dolce & Gabbana por llamar ‘sintéticos’ a los niños de la fecundación in vitro? Los italianos ya han aclarado que respetan a todo el mundo, pero el problema está en la técnica in vitro, que cosifica al ser humano y lo convierte en un producto.
1. La fecundación in vitro convierte al hijo en un producto.- Los partidarios de la fecundación (ya sea fuera del cuerpo de la mujer o mediante inseminación artificial) ponen una excusa humanitaria, y alegan que la Medicina viene a resolver el problema de las parejas infértiles. Pero olvidan que eso supone un atentado contra la dignidad de la persona. Veamos por qué.
La fecundación pone en marcha una tecnología que facilita el encuentro de los gametos femeninos (ovocito) y masculinos (espermatozoides) en el laboratorio. A continuación los embriones producidos son transferidos de forma artificial al útero materno, por lo que se aplica la fecundación in vitro. El proceso convierte al embrión en objeto de producción y hacen de la procreación un acto mecánico fruto de la tecnología, cargándose así la dignidad inviolable del ser humano. El hijo ya no es lo que era, un regalo, sino una cobaya (el embrión se puede congelar, se puede estudiar su ADN) o un medicamento (del que extraen células embrionarias). Ya no es un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir algo, un producto. Tanto produces, tanto vales. Ese es el criterio, al que se supedita el valor intrínseco de cada vida.
2. …convierte a la madre en productora. Alegando que no puede renunciar al derecho a tener hijos (derecho que no existe, lo que existe es el derecho del hijo a tener padres, que no es lo mismo), la madre se convierte gracias a la fecundación in vitro en productora. La que antes asistía al milagro de una nueva vida que crecía misteriosamente en sus entrañas sin que ella interviniese (ninguna madre sabe hacer ojos, boca, manos…), ahora elige al niño, como se elige el color del coche en el catálogo del concesionario.
3. … al embrión sobrante en basura.- La fecundación in vitro implica la pérdida de embriones sobrantes (para conseguir un embarazo hay que producir no menos de ocho embriones). Esto es destrucción de vidas. La palabra “sobrante” tiene connotación de basura. Es la ley del hierro del capitalismo: lo que no sirve se arroja al vertedero.
4. … Y abre la puerta a la eugenesia.- Cuando se justifica la delgada línea del utilitarismo se justifica la eugenesia. De hecho, ya existe el diagnóstico genético preimplantatorio, práctica para seleccionar y eliminar los embriones producidos in vitro, en función de la combinación de genes y cromosomas de que es portador. La producción de niños sintéticos en laboratorio es lo que tiene: permite seleccionar, como en el monte Taigeto de Esparta, desde el que eran arrojados los recién nacidos poco útiles. Como ven no hay mucha diferencia entre las posibilidades que abre la fecundación in vitro y las leyes de Nüremberg, promulgadas por el nacional-socialismo en 1935.